Pablo García Naranjo (Sabadell, 1979), con el nombre que figura en su DNI o con otros más exóticos, ha escrito mucho a pesar de contar. Entre sus obras se cuentan, entre otras, la pulperísima Laguna Negra o Purgatorio, ambas editadas por Tyrannosaurus Books. Sin embargo, a la espera de lo que esté por venir, García Naranjo es sobre todo el autor de Coburn, un noir pulp que bebe de las clásicas películas de venganzas llevadas a cabo por tipos duros y amorales y que ha cosechado el elogio unánime de la crítica. Cuando me escribió para comentarme que había estado leyendo la entrevista del mes pasado con Miguel Ángel Naharro, no dudé en invitarlo a sentarse a conversar bajo el arco iris. 

Coburn es probablemente uno de los títulos de pulp que ha sonado más en los últimos dos años. Ha cautivado a buena parte de los reseñistas habituales y fue finalista del Premio Guillermo de Baskerville al mejor libro independiente de 2015. He de admitir que tal vez las novelas con aire noir son las que menos me interesan dentro del pulp, pero también debo decir que el éxito de Coburn se debe a que supiste imprimirle tanto el estilo directo y ágil del pulp sin renunciar a una narración precisa y perfectamente articulada y una trama bien atada. Sin embargo, tú has tenido un contacto más directo con tus lectores, habrás estado más atento a la recepción del texto… ¿Por qué crees que Coburn ha tenido tan buena acogida?

Supuso una sorpresa, la verdad. En el limitado círculo de exposición de la novela tuvo una repercusión que me pilló con la guardia baja. Y creo que parte del éxito de la novela, gran parte, es por el formato. Un bolsilibro real con una maquetación moderna y que entra por los ojos. El logo, la fotografía retro… Fue una carta de presentación adecuada para el producto a la venta. Luego están las reseñas y los comentarios de la gente que la ha leído… y eso sí que fue un shock. Soy muy crítico con lo que escribo y Coburn fue para mí un divertimento y un ejercicio de pulido de estilo. Nunca tuve más ambición ni quise inventar la coca cola. Es más, siempre temí que se viera más como una parodia que como una novela de género per se. Claramente, mi capacidad para predecir el éxito de mis novelas está atrofiado.

¿Por qué decidiste escribir sobre un pistolero a sueldo al estilo Charles Bronson? ¿Eso no está pasado de moda?

Está pasadísimo y eso es lo que me llamó más la atención. En su inicio, Coburn era una historia de venganza que clonaba los argumentos resobados de las producciones de la Cannon. Tal cual. Poco a poco, mientras Marc Gras (editor de Tyrannosaurus Books) y yo hablábamos sobre el proyecto me di cuenta de que había que darle un propósito y un trasfondo a la historia. Y nació este tipo despreciable, mal encarado y sentencioso que es Coburn.

Vivimos en una época en que el atractivo está en los grises, en los antihéroes y en los villanos con motivaciones. Coburn es esquemático, un animal reactivo, sin pasado. Esto entronca con la figura cínica y letal por excelencia: James Bond. Coburn es el reverso retorcido y de barrio de Bond. No puedes empatizar con él y cruzarías la calle si te lo encuentras, pero tiene el morbo de saber qué es lo que hace y cómo va a salir del embolado. Además, un asesino a sueldo está fuera de la ley y eso me dio más libertad para fabular sobre él.

Me parece evidente que hay todo un universo cinematográfico que sirve de sustrato a la novela. Sin embargo, preparando la entrevista leía una reseña en la que se decía que Corburn era “una película escrita” y en eso no estoy demasiado de acuerdo. Aprecio en Coburn el gusto por la escritura, a diferencia de un buen número de novelas pulp en las que sí, parece que el autor ha vertido en el papel ciertas imágenes cinematográficas que tenía en la cabeza y ya. ¿Qué peso tiene en tus obras el aspecto literario, el cuidado del lenguaje…?

Valoro mucho que se vaya más allá del componente cinematográfico. Soy escritor y mis herramientas son las palabras. No me olvido de eso porque si no hago bien mi trabajo, si no respeto la lengua, mi libro será un fracaso para mí y se convertirá en un engaño para el lector. En mi opinión: el concepto “muy cinematográfico” equivale a pobreza literaria. Si lo han dicho de Coburn respecto a su estructura, recursos y estilo es que no he cumplido mi objetivo con ese lector. En cambio, si lo dicen como contenedor de referencias… ahí sí. Coburn es un guiso formado por toda una vida de lecturas, de cine y cómic. Es una novela que escribí con toda la intención de que el lector “fuera” a los escenarios de tantas y tantas películas negras que hay.

Mientras escribía tenía en mente la idea de describir de la forma más escueta posible, como retazos de información que el lector rellenaba con el ambiente creado. Eso le quitó riqueza literaria y ganó en espíritu “bolsilibresco”; fui al meollo con el cuchillo en los dientes y pienso que la novela adolece de pobreza, de profundidad. Si existiera la posibilidad de volver atrás cuidaría ese aspecto. El estilo es algo que valorarán los demás. Estilo, defectos, virtudes… Mi forma de escribir tiende a la escuela de la novela americana con sus frases cortas, como golpes de mazo, y toda la agilidad posible en los diálogos. Eso puede ser un punto fuerte o un vicio. Hay lectores que disfrutan mucho con esta forma de narrar y otros que me ven las costuras a las dos páginas.

Si hablamos de literatura, ¿qué autores te marcaron como lector antes de que te convirtieses en escritor? Porque tú no serás uno de esos tipos que escribe sin leer…

Jajajajajaja. El escritor que no lee existe, se puede adivinar en muchos productos literarios. Pero, ¿qué es leer? Si alguien toma la determinación de ser un profesional de la escritura debes saber que tu novela, cómic o lo que sea se va a exponer a todo tipo de lector, con todo tipo de filtros y cultura. Voy a empezar con los símiles culinarios: No vale montar un restaurante porque tu cuñado dice que te sale la paella del domingo igualita que los programas de la tele. No. Es un ejemplo que en el mundo editorial no se ve tan claro.

Cualquiera puede escribir. Cualquiera. Pero si no lees con voluntad formativa vas a copiar a saco lo último que has leído. No digo que para publicar una novela debas ser filólogo, yo no lo soy ni muchos otros, pero sí cuidar lo que tenemos entre manos. Y para eso hay que leer.

Cuando empecé a escribir de forma profesional me quité de la cabeza las lecturas de género y mis autores de mesita de noche. Gozo como el que más con una novela de franquicia pero no me sirven para formarme como escritor. Y la Literatura española es una escuela fundamental en el oficio. Ana María Matute, Torrente Ballester, Cela… Sí, todas esas lecturas de instituto deben repasarse para adquirir riqueza. El otro día un amigo me dijo que Azorín era el mejor autor que podía leer para plasmar el naturalismo descriptivo. ¡Y tenía razón! ¿Por qué voy a delimitarme a traducciones de autores extranjeros si hay Literatura española de calidad, de la que necesito?

Luego están mis cómics, mis novelas de derribo, mis placeres nada culpables… Me va el rollo, claro.

Después de la buena acogida que tuvo Coburn por parte de los lectores, el personaje dio el salto a las viñetas. ¿Cómo fue el proceso de escribir un guión de cómic? ¿Lo habías hecho antes?

El mejor trabajo que he hecho. Trabajar en el cómic de Coburn ha sido una gozada porque es un sueño cumplido. Leo cómics desde que me acuerdo y aluciné al tener la oportunidad de guionizar. El sistema de trabajo es muy diferente: composición, estilo… todo es diferente. Metes la pata veinte veces porque hay una lucha entre la ilusión y la realidad. Menos mal que tuve a Juanma Espinosa, un dibujante fuera de serie, que me ayudó a no subirme por las nubes. Es mi primera incursión y espero poder hacer más historias de Coburn en el noveno arte.

La novela la publicaste en Tyrannosaurus Books, que arrancó haciendo una apuesta muy fuerte por el pulp, con una selección de títulos –salvo excepciones– notable y con un diseño muy atractivo y cuidado. Sin embargo, parece que el sello está parado. Y parece que es tendencia en el sector. Como autor, como lector, ¿cómo valoras el estado de salud del pulp en España?

Pulp, me dices, mientras clavas tus pupilas en mí. La de veces que he debatido si el pulp español es una realidad o un cajón de sastre. El pulp, en el sentido de novela de consumo, ambiciones masivas y estilo sencillo, siempre estará en la mente de las editoriales. Sinceramente creo que hay demanda porque muchos lectores sólo quieren divertirse, que les hagan pasar un buen rato y que no les coman la cabeza. Es así de sencillo porque yo consumo este tipo de productos. Si no es Tyrannosaurus es otra porque hay autores dispuestos a escribir y lectores con ganas de entretenerse.

En la segunda mitad del siglo pasado Bruguera impulsó y sostuvo a una generación de autores de bolsilibros que constituyen el sustrato en el que hunde sus raíces la generación de autores pulp actual –aunque con un pie, o pie y medio, en los americanos como Burroughs, Howard, Lovecraft…–. ¿Tú también? ¿Has leído a Curtis Garland, Ralph Barby, Silver Kane y compañía?

Yo soy de la generación Forum, de los primeros Timun Mas y de “Elige tu propia aventura”. Mi aproximación al venerado pulp español se produjo hace poco y llevado por el interés profesional mientras escribía novelizaciónes. Me encontré justo lo que creía que iba a leer: oficio, sinceridad y producción en masa.

Después de algunos años, de eso que se ha llamado resurgir del pulp, creo que la constancia de algunos autores junto con la crítica especializada y underground del género, van aclarando cuál es el modesto canon del pulp español de principios del siglo XXI. No me arriesgo demasiado si digo que a Garland, Kane, Carrigan (y diría que a Ralph Barby y Lem Ryan, pero ambos siguen en activo) le han tomado el relevo gente que se reúne alrededor de sellos como Dlorean Ediciones o Pulpture. Pienso en Raúl Montesdeoca –ya no sólo como autor, sino como dinamizador de la escena–, Pako Domínguez, Andrés Díaz, Luis Guillermo del Corral, Ana Morán… ¿Cuáles son, en tu opinión, los grandes autores del pulp español actual? O los que más has disfrutado.

Creo que Andrés Díaz es con quien más he disfrutado porque es capaz de unir el estilo Howard no como mero objeto de clonación. Es capaz de ofrecer libros de temática clásica pero con riqueza. De los nombres que comentas es el más he disfrutado. Tengo libros de Pako, de Luis y relatos de Ana pero no puedo opinar aún ni ofenderles con mi ignorancia.

Si no hiciese alguna pregunta comprometida, esto no sería una entrevista de La ingravidez del arco iris. ¿Hay alguna novela pulp que ha sido canonizada o ha gozado de un montón de críticas elogiosas y que a ti te ha parecido descaradamente mala?

Dado que gente como Phillip K Dick, Asimov Dashiel Hammet fueron publicados y etiquetados como autores pulp, poco puedo negativo de los grandes “popes” del género. Eso en el mundo anglosajón. ¿En España? He leído novelas fallidas publicadas hace dos días y hace treinta años. Por un motivo o por otro. No es culpa del autor. Parece ser un tabú hablar mal de algún libro si eres autor. Los hay, no pasa nada. Es más, yo hablo mal de alguno de los míos (o casi de todos si me das cancha). No admitir que hay mala literatura popular es de niños pequeños.

Una reflexión: ¿Qué cuidado por la Literatura tenía un escritor obligado a escribir tres novelas de bolsillo al mes? Cero. Nada. Su sistema de producción era brutal. Eran churros industriales que tenían que ponerse en los kioscos sí o sí. La mala literatura pulp es mejor que cualquier novela actual en la que el autor ha tenido todo el tiempo del mundo pero está mal escrita.

¿Por qué crees que en el pulp, que es un ámbito mucho más reducido y con dinámicas propias, en el que el dinero en juego es poco o ninguno, se reproducen esquemas del gran mercado editorial y novelas mal escritas, mal estructuradas y con tramas fallidas despiertan una reacción unánimemente favorable?

La reacción es positiva porque el lector, que no es todo lo tonto que dicen algunos, sabe buscar el estímulo que quiere. Como lector, busco lo que me pone, lo que dispara mi imaginación y me da un rato de diversión antes de pasar a otro día. La gente pasa por alto el estilo, las tramas cojas y la pobreza en el lenguaje al igual que pasan por alto el guión de un blockbuster. Vamos a lo que vamos y la exigencia se vuelve permeable. Hay novelas de vergüenza ajena que triunfan y algunos escritores se rasgan las vestiduras: “¡Oh, cómo pueden leer está mierda!”, “La gente son como borreguitos que sólo compran lo que anuncian”… Vale, pero eso es la parte y no el todo. El éxito depende de muchos factores y la publicidad es muy importante, pero no es la única causa. Despreciar al lector de la Literatura de Centro Comercial no nos ayudará como escritores ni mejorará nuestros libros.

Pero volvamos a tu trabajo. Estás escribiendo la segunda entrega de Coburn. ¿Tienes algún proyecto más en mente? ¿Qué será lo próximo de Pablo García Naranjo que llegue a las librerías?

Ahora tengo la siguiente novela de Coburn en mente. Después de un tiempo sin poder escribir he cogido la escritura con ganas y quiero centrarme únicamente en eso. Supongo que eso será lo próximo. ¿Después? Ni idea. La idea es seguir con la serie si la segunda parte tiene éxito, pero no depende de mí, claro.

Y termino ya, con la misma pregunta que le formulo a todos mis invitados. ¿Si tuvieses que escoger sólo un libro, un cómic, un disco y una película, qué cuatro títulos me darías?

Material para islas desiertas:
Un libro: una buena antología de Sherlock Holmes.
Cómic: 100 Balas de Brian Azzarello o Watchmen.
Disco: cualquiera que me recuerde a mi mujer o mis hijas.
Película: El Padrino 2.

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